Aliquis latet error - Virgilio
RSS

viernes, 30 de octubre de 2009

Poseidón...

El viento tibio abrazaba mi cuerpo, las luces de los costados me iluminaban y la gente pasaba paseaba por a mi lado, pero yo no estaba allí. No, no lo estaba. Sé que tampoco quería estar allí, junto a todos ellos. Quería seguir donde me encontraba. Allí mismo, pero a la vez lejos, muy lejos.

Poseidón se erguía sobre la fuente sujetando el tridente, mirándome fijamente con sus ojos de piedra, hablándome con una mirada ausente, apagada por su prisión pétrea.

Allí estaba el señor de los mares, rodeado por el agua que caía a sus costados, mientras mi mirada se clavaba nuevamente en sus ojos. Lo miraba con insistencia, con ganas de perpetuarlo, pero a cada segundo, mis pies volvían más a la tierra real, más al mundo tangible, más al lugar del que escapaba hace unas horas.

La moneda en mis manos, el sentimiento de irrealidad y perdición, el deseo de contener el llanto y las ganas de gritar. Todo esto estaba comenzando a converger en mí ante esa mirada. La cruza de los caminos, el ¡Tiene que ser! definitivo, la ignorancia de verdades y la búsqueda de identidad perdida.

Una lagrima entibio mi mejilla y entonces me di por vencido. ¡Ella había ganado después de todo! Yo seguía siendo un cobarde y ella seguía siendo el modelo de perfección irrevocable. Seguía siendo la reina de todos los inocentes. De todos aquellos, que como yo, jamás podrían pensar en volver a soñar con un mañana. ¿Tú lo entenderías, Poseidón, Señor de los mares? ¿Entenderías él porque deseaba crearte un nuevo océano de lágrimas?

Lancé la moneda al aire y en sus giros comenzó a escribirse mi destino. La atrape con mi puño, que abrí sobre el dorso de mi mano. Alea Jacta Est, la suerte está echada.

Horas más tarde, sonaría en un pequeño rincón de un departamento una vieja máquina de escribir recién comprada en una tienda de antigüedades. El tecleo resonaría por toda la habitación. El escritor plasmaría unas letras sobre el ceniciento papel, y en su rostro se comenzaba a dibujar una tímida sonrisa

No hay comentarios:

Publicar un comentario